miércoles, diciembre 02, 2009

La fiebre de las monedas



Esto de que las monedas ahora se hayan convertido en un verdadero tesoro que despierta una fiebre peor que la del oro del siglo pasado, mueve un poco a risa una vez que la frustración y la impotencia se superan un poco. Porque si hay algo que puede causar realmente impotencia es esas entidades que carecen de su propia materia prima y siguen la existencia como si nada. Es como si de pronto las vacas nos dieran el cuero y la carne pero olvídense de la leche. Aunque, seamos honestos, la culpa no es de la vaca sino del tambero que encontró la vuelta de hacer negocio con el pánico de que no exista leche en el mercado.

martes, diciembre 01, 2009

Agendas nuevas,¿proyectos nuevos?


Hay millones de mujeres en este mundo que tienen armarios llenos de zapatos. Nunca entendí bien esa fascinación, será que nunca fui verdaderamente coqueta. Soy conciente cuando un par de zapatos son bonitos, combinan con la ropa o son verdaderamente exóticos, pero para mi basta tener lo elemental de ellos, que sean cómodos. También hay millones de mujeres que en la vida sienten fascinación por las flores, ¡vamos!, ¿quién no muere por recibir un inmenso ramo de rosas u orquideas?; pero tampoco me desvivo cuando paso por una florería de la mano de él, ni lo miro como diciendo "quiero uno".
Pero basta que entre a una librería y mi mundo puede cambiar irreversiblemente. Y no hablo simplemente de una librería donde venden libros- obviamente esos locales son como un trasbordador espacial- sino que hablo del simple y nada llamativo para muchos penshop, es decir lugares donde las madres se pelean a principio de año para comprar los útiles escolares que tienen en inmensas listas otorgadas cada año por las maestras.
El olorcito a papel, el modelo de mil quinientas lapiceras distintas, los lápices de colores, los cuadernos de todo tipo y tamaño, son para mí como un maná en medio del desierto. Y cuando se acerca fin de año está el ritual de recorrer varias de ellas para encontrar una agenda, LA agenda que me acompañará casi como una bitácora a lo largo de todo un año.
No es fácil con dar con la elegida, tiene que ser del tamaño justo, con el diseño justo y con la calidad de papel justa. Hoy por suerte encontré la que me gusta y terminaré el año como muchos otros años, pasando los números telefónicos, anotando las fechas importantes y planificando cosas que quizá no llegarán a ser nunca pero el placer de ellas empieza por planearlas.
Abrir una agenda nueva es como abrirse a una vida nueva. Sí, sé que sueña trillado eso de año nuevo, vida nueva, pero el cosquilleo de tener por delante una incógnita semejante-¿qué me deparará este nuevo año?- es fascinante.
Las agendas viejas todas, tienen mi balance final de año: cómo me sentí, qué cosas logré, qué me queda en el tintero. Y no hablo de dietas, gimnasio ni idioteces semejantes que sé positivamente que no me cambiarán la vida; sino del mágico momento de descubrir que mis hijos tienen un año más, que han logrado cosas, que he aprendido de ellos otras. Hablo de que la vida va cumpliendo ciclos y que crecer es genial.
Leer agendas viejas y descubrir anotaciones de situaciones, sentimientos y cosas que me pasaron y había olvidado por completo es conmovedor, como también descubrir de pronto nombres de personas que ya no están con nosotros- por elección o destino. Rutinas que ya no tenemos, cosas que añoramos volver a hacer y que está bueno incluírlas en las "resoluciones de año nuevo".
Una agenda. Parece una pavada tan grande, un objeto tan cotidiano y sin embargo es un pedazo de vida, un año entero de expectativas y experiencias.